¿Sabes que he sentido esta mañana al despertarme?
Nada.
Ni miedo, pasión o chispa. Pero ¡Si me voy en un mes a otro continente!
¿Acaso es que no me quiero ir?
No. De ningún modo. Pues en mi vida, liderada por el caos a causa de mi dispersa forma de ser, probablemente ahora solo tenga claras tres cosas:
La primera, que había sido con diferencia la mejor decisión que podría haber tomado. Pese a que todo el mundo había intentado disuadirme para que eligiese otro destino. Esta decisión era mía e iba a defenderla como si mi vida dependiese de ello.
Segunda, absoluto desconocimiento de mi futuro allí. La misma certeza tenía de que podía ser un éxito o el mayor fracaso de mi vida ¿Que por qué solo esas dos opciones? ¿Y por qué tan opuestas? Porque soy así. No sé hacer las cosas a medias, ni indiferentes. Supongo que quien me conozca lo habrá podido comprobar a las buenas, o malas. Es por eso que mi vida transita de una maravilla o un auténtico desastre. De ahí que un día me despierte sintiéndome la reina del mundo y al día siguiente sin miedo, pasión o chispa. Apática. Y es que soy opuesta a la neutralidad.
Tercera, iba a alejarme de las personas más importantes de mi vida. Gente que me apoyaba incluso cuando me equivocaba, qué era -y es- constantemente. Mi familia, un círculo de amigos que se preocupa por mi, y que siempre me tenía presente, incluso cuando ni yo misma me soportaba. Y sobre todo, del mayor regalo que me había dado la vida, mi madre.
Y es en este punto donde me confirmo lo importante que va a ser esto en mi vida. Que hoy me haya despertado de nuevo perdida, pero que mañana probablemente deseé comerme el mundo. Me demuestra que giro alrededor de unos extremos que van a terminar por colapsarme. Creo que ya he llegado al límite de seguir llamando a esto "un mal momento".
¿Así va a ser Ana el resto de su vida? Me aterroriza pensar que voy a seguir así un día más. Prefiero morir a pensar que esta es la persona que voy a ser en adelante.
Sin embargo, soy consciente de que a mi edad, o qué demonios, cualquier persona de cualquier edad, padece lo mismo que yo. Que se trata de ciclos emocionales. Ya sea por desengaños amorosos, miedo al futuro o simplemente, insatisfacción con lo que se tiene. Normalmente estas personas no solucionan esta crisis de identidad marchándose a otro país. Pero llorar una noche escuchando una playlist de Spotify con las 50 canciones más tristes de la historia: tampoco me estaba funcionando. Ni salir de fiesta cada fin de semana. Ni leer. Nada de lo que he estado haciendo hasta ahora me ha servido para encontrar el equilibrio.
A esto hay que sumarle algo más ¿Acaso mi círculo siente que yo les quiero o apoyo? Creo que me estoy quedando vacía, que estoy dejando de palpitar. Aquí ya no hay nada que me pueda llenar. Todo lo contrario, cada golpe o desilusión me ha ido apagado cada vez más, aún siendo crónica de una muerte anunciada.
Y por fin siento que me he cansado. Me agota la búsqueda de una chispa que cause un incendio. Una vez apagadas las llamas ¿Qué hago con mis cenizas? No quiero un incendio que arrase con todo lo que se encuentre. No quiero recogerme -de nuevo- en pedazos. No quiero más ruinas.
Así que no, no quiero más extremos. Aunque supongo que hacer este intercambio puede que haya sido una medida extrema ¿No?
La cuestión es la siguiente. Necesito un contrapeso que me impida divagar entre los límites de mi existencia. Pero con ello no quiero abandonar lo que considero que es mi esencia. ¿O sí? Tengo la necesidad de descubrir quién soy. Quiero darme otra oportunidad para conocerme y sobre todo, para atreverme a sentir sin miedo. Para no despertarme de nuevo con este vacío dentro.
No te preocupes mujer, eres muy lista y trabajadora, seguro que todo sale muy bien.
ResponderEliminarJAJAJAJAJAJA DAVID ME MEO
Eliminar